¿Qué hay detrás del proyecto “Corredor cultural Chapultepec?

En fechas pasadas el tema del corredor cultural Chapultepec fue un tema que al menos dentro del perímetro que comprende la ciudad de México, ha llegado a ser “mainstream” dirían algunos, influenciados por la cultura de nuestros vecinos del norte, o en otras palabras en un “tema de conversación”.

Desde que en el mes de Agosto de este año se diera a conocer la intención del gobierno de la ciudad de México, a través de la ProCDMX (Agencia de Promoción, Inversión y Desarrollo para la Ciudad de México) dirigida por Simón Levy -empresario de origen judío- de renovar una zona muy conocida y concurrida de la Avenida Chapultepec, no podíamos quedarnos sin dar nuestra opinión al respecto dados los factores sociales, económicos y urbanos que en él convergen. No quise publicar antes sin haberme documentado lo suficiente como para emitir una opinión sobre el tema, sin embargo, admitiré que estoy casi como al principio, ya que pese a toda la difusión y promoción de la propuesta, hasta ahora no he encontrado información suficiente al respecto que me permita tener una opinión objetiva.

Habiendo aclarado todo lo anterior, empezaré por comentar que en primera instancia y como profesional en el campo de la arquitectura me resulta un tanto inusual que haya poca información en cuanto al proyecto en cuestión, ya que si bien se han difundido algunas imágenes del proyecto a través de publicaciones por internet, es claro que no dicen mucho si consideramos la complejidad y magnitud del proyecto a nivel urbano, arquitectónico, funcional y estructural.

De lo poco que he logrado indagar, puedo decir muy a grosso modo que como propuesta para un polígono de la ciudad en el que el ambulantaje y las carencias en el equipamiento urbano y vial han mermado no solo en la calidad del paisaje urbano existente sino en la calidad de quienes hacen uso de dichos espacios, resulta bastante atractivo. Las ciclovías, el corredor peatonal con zonas arboladas fungiendo como una ampliación del Bosque de Chapultepec, son propuestas que vale la pena rescatar y que sin duda darían nueva vida a dicha zona. Sin embargo, ¿qué es lo que hace tan polémico a este proyecto? Bueno, siguiendo con el rubro que nos compete, resulta que se ha venido promocionando a este nuevo corredor urbano como corredor cultural o al menos es lo que se ha entendido de la numerosa propaganda que lo envuelve. Lo interesante de este aspecto, es que según información -insisto, poco clara- al respecto, se sabe que la construcción albergará una considerable cantidad de comercios, algunos de ellos ya por muchos conocidos por tener numerosas sucursales a lo largo y ancho del país. Así pues, un proyecto de tal importancia, cuya propaganda estriba en su carácter social y público, y cuyo emplazamiento será una de las avenidas -públicas- más importantes de la ciudad de México, será quien albergue espacios de carácter privado con fines lucrativos.

En cuanto a las áreas verdes, al proyecto arquitectónico, estructural, así como al tipo de equipamiento urbano del que dispondrá el proyecto, y que son temas de suma importancia no solo para arquitectos y/o urbanistas, sino para la población en general, de eso, hay nula información. Aún así, lo que destaca de toda la opacidad que envuelve a este proyecto, son las connotaciones económicas y políticas implícitas en él: en primer lugar, el despacho que realizó el proyecto en cuestión, es propiedad de Fernando Romero, sí, el mismo que ganó el concurso para el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y quien es yerno de Carlos Slim, el hombre más rico no solo de México, sino uno de los hombres más acaudalados del mundo. Si consideramos que de llevarse a cabo dicho proyecto estaríamos hablando de miles de millones de pesos cuya inversión será principalmente privada, aún cuando Levy afirme que “sí hay dinero en el gobierno del Distrito Federal”, nos lleva a múltiples interrogantes en cuanto a la legalidad no solo del proceso consultivo previo al proyecto- si es que lo hubo- , sino al proceso que el mismo gobierno de la ciudad instó a iniciar con la participación de un consejo ciudadano, el cual al final de la jornada, fue relegado a un simple observador según relata el escritor Alberto Ruy-Sánchez en su Crónica de una decepción anunciada.

Es así que un proyecto que prometía mucho en cuanto a sustentabilidad -tan en voga hoy en día- al rescate de espacios urbanos y al reordenamiento comercial y vial, dará mucho de qué hablar en torno a las verdaderas motivaciones que dieron origen a su propuesta.

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